Poesia
Poesia Lo que hace diferente a Góngora de otros autores preocupados por la palabra poética es que, del mismo modo que construyó un universo bajo el que se escondía la belleza más sublime, también con esa palabra nos descubrió la deformación más horrenda o la miseria más profunda. Sin necesidad de narrar, y con breves apuntes diseminados entre su lírica nos ha transmitido la estampa de una sociedad escindida entre las luces y las sombras. Presidida por la «religiosa grandeza del monarca» (2) y las empresas patrióticas (60), la capital madrileña simboliza el crecimiento de las urbes que se dilatan para acoger a la numerosa gente del campo que llegaba, al tiempo que convertía la vida en «teatro de fortuna» y cuna de las más oscuras envidias (3). La burla general sobre el escaso caudal del Manzanares, apenas «agua de chicoria» (30), sólo es comparable al de los grandes títulos «más que elefantes y que abadas» (31) y al engaño general de todo cuanto allí se daba cita. Sólo con una rápida visión parece descubrir la engañosa apariencia bajo la que se encubría una insoportable realidad en la que ni clero, ni estudiantes, ni nobles, ni mujeres honradas eran lo que parecían (31). Todo se resumía en «lisonjas», «halagos» al poderoso o «chinches» (36) en el camino. El intelectual (docto libre) poco tenía que hacer en ese ambiente de adulación en donde se elegía no por méritos sino por apariencias (45). Su propia situación personal resume con todo dramatismo el «hambre», la desesperanza y la humillación de quienes tenían que vivir dependiendo de los favores cortesanos y a quienes solo les quedaba la palabra para traducir la desdicha y la pena (48, 49, 66). La crítica al poder del dinero («Todo se vende este día») y al engaño del amor (71) se complementan con la ceguera de la Fortuna (73), la injusticia de los jueces, etc., para componer un cuadro de total inestabilidad. En esa misma sociedad estaban también los creadores que supieron apreciar la belleza de la luz y el color con que el poeta sintió y describió los paisajes interiores de su conciencia. Esa dualidad tan opuesta constituye sin duda el drama del hombre barroco que fue Góngora. Trazó, además de transformar por procedimientos de síntesis y condensación, la lírica renacentista en barroca y desbrozó el camino para que la poesía posterior pudiera expresar una realidad diferente a la percibida a primera vista. Su renovación intelectual adelantó la búsqueda de la poesía pura, tan grata a Juan Ramón Jiménez.
