Poesia
Poesia La emoción por el arte se percibe en el vocabulario utilizado, en las dedicatorias y en los poemas dedicados a exaltar obras o autores, como el Greco, que reunía las mejores cualidades renacentistas. Esta admiración por el arte ha de entenderse también como el recurso del hombre barroco para paliar la fragilidad natural y la acción desintegradora del tiempo. En este sentido hay que destacar también la recurrencia de motivos, como las flores, para expresar el tema del tiempo, verdadero protagonista del drama del hombre barroco (Orozco). En algunas composiciones de circunstancias de tema fúnebre, como el soneto dedicado a la muerte de la duquesa de Lerma («¡Ayer deidad humana, hoy poca tierra!», 38), el tema de las vanidades humanas cobra un valor didáctico ejemplar que se corresponde con el tono ascético-moral de las composiciones de sus últimos años, de carácter autobiográfico (46-49). Sin embargo, este ascetismo contrasta con las composiciones mundanas, laudatorias, a gentes de la nobleza de las que esperaba algún favor. Es el mismo contraste que se observa entre la admiración por el arte y la constante presencia de la Naturaleza, marco de sus mejores poemas y venero de gran parte de su léxico. Lo que resulta sumamente original es el proceso de transformación por el que esa Naturaleza perecedera se convierte en eterna gracias a la palabra. Es como si el poeta, ahondando en las entrañas de esa naturaleza, hubiese llegado a la esencia de su inmortalidad. Es lo que ocurre en el Polifemo y las Soledades. Los mitos, además de ser símbolos que traducen ideas, se proyectan aquí sobre el mundo natural para intensificar su intemporalidad. Y como nuevo contrapunto, hay que recordar toda su obra burlesca y satírica, en donde médicos, poetas, abogados, ríos, mujeres, dioses o héroes míticos, e incluso el lenguaje poético se presentan caricaturizados sin piedad. En el extremo contrario pueden situarse las composiciones en las que el sentimiento religioso está tratado con una gran delicadeza y naturalidad.