La Madre
La Madre Se presentaron casi un mes después de aquella noche angustiosa. Pável y Andréi hablaban del asunto del periódico con Nikolái Vesóvschikov, que también estaba en la casa. Era tarde, cerca de la medianoche. La madre ya estaba acostada y, aunque parecÃa dormida, a través de su somnolencia podÃa escuchar en sordina sus voces preocupadas. Andréi, tratando de no hacer ruido, cruzó la cocina y salió fuera, entornando con suavidad la puerta tras de sÃ. En el porche tintineó un cubo metálico. Pero de pronto la puerta se abrió de par en par y el ucraniano entró de una zancada en la cocina, mientras susurraba con voz audible:
—¡Se oyen espuelas!
La madre saltó de la cama y cogió su vestido con manos temblorosas, pero en la puerta de la habitación apareció Pável y le dijo con calma:
—Usted quédese en la cama: ¡está enferma!
En el porche se escuchó un rumor sordo. Pável se acercó a la puerta y, abriéndola de un empujón, preguntó:
—¿Quién anda ah�
Con un movimiento rápido y extraño, una figura alta y gris irrumpió por la puerta y, detrás de ella, entró otra más. Los dos gendarmes hicieron retroceder a Pável, se colocaron a sus flancos y fue entonces cuando se escuchó una voz recia y burlona:
—Alguien a quien no esperabais, ¿no es cierto?