La Madre

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Capítulo I-XII

La casita gris de los Vlásov llamaba cada vez más la atención entre la gente del barrio. En ese interés había mucho de recelosa desconfianza e inconsciente enemistad, pero también una especie de franca curiosidad. De vez en cuando llegaba algún vecino y, echando un vistazo precavido desde la puerta, le decía a Pável:

—Bueno, hermano, ya que tienes tantos libros, tienes que saber de leyes. Así que, por favor, explícame…

Y entonces le contaba a Pável algún abuso de la policía o de la dirección de la fábrica. En los casos más difíciles, Pável le daba al hombre un volante para visitar a un famoso abogado de la ciudad, pero cuando estaba enterado de la cuestión, él mismo le informaba.

Poco a poco fue surgiendo entre la gente una especie de respeto hacia aquel joven serio, que se atrevía a hablar de cualquier cosa con palabras sencillas, a verlo todo y escuchar a la gente con atención, que se atrevía a analizar los entresijos de cualquier asunto particular, para acabar casi siempre descubriendo el hilo común e interminable que maniataba a la gente con una infinidad de correosos nudos.

Pável adquirió ascendencia entre la gente, sobre todo a partir del incidente del «kopek del pantano».


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