La Madre
La Madre Por la mañana temprano, cuando Pável y Andréi apenas acababan de salir, Korsunova tocó frenéticamente en la ventana y gritó apresurada:
—¡Han matado a IsaÃas! ¡Vayamos a verlo…!
La madre sintió un escalofrÃo y, por su cabeza, como una exhalación, cruzó el nombre del asesino.
—¿Quién? —preguntó lacónica, mientras se echaba una toquilla por los hombros.
—¡No se iba a quedar allÃ! ¡Mató a IsaÃas y se largó! —respondió MarÃa.
Y ya caminando juntas por la calle, añadió:
—Ahora se pondrán a registrar por todos sitios en busca del culpable. Menos mal que los tuyos no salieron anoche de tu casa, que de eso yo misma puedo dar fe. Después de medianoche pasé por la calle, miré por tu ventana y os vi a todos sentados a la mesa…
—¿Pero qué dices, MarÃa? ¿A quién se le podrÃa pasar por la cabeza que ellos fueran los culpables? —preguntó asustada la madre.
—¿Y quién si no lo iba a matar? ¡Naturalmente, alguno de los vuestros! —repuso convencida Korsunova—. Todo el mundo sabe que IsaÃas os espiaba…
La madre se detuvo, sofocada, mientras se llevaba la mano al pecho.