La Madre

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Capítulo II-XIII

Sofía ya estaba en casa y recibió a la madre con un cigarrillo en los labios, afanosa y presa de la excitación.

Después de dejar al herido en el sofá, le desvendó la cabeza con destreza y, entornando los ojos por el humo, se puso a dar órdenes:

—¡Iván Danílovich! ¡Ya han traído al herido…! Nílovna, estará usted cansada, ¿no es cierto? ¿Pasó mucho miedo, verdad? Bueno, pues ahora descanse. ¡Nikolái, tráele a Nílovna una copa de vino dulce!

Aturdida aún por los acontecimientos, respirando con dificultad y sintiendo un doloroso pinchazo en el pecho, la madre murmuró:

—No se preocupen por mí…

Si bien era evidente que todo su ser estaba pidiendo temblorosamente un poco de atención, una caricia tranquilizadora…

Nikolái, con una mano vendada, y el doctor Iván Danílovich, todo despeinado, con los cabellos de punta como un erizo, salieron de la habitación vecina. El médico se acercó rápidamente a Iván, se inclinó a su lado y dijo:

—¡Traigan agua, mucha agua, vendas limpias y algodón!

La madre se dirigió a la cocina, pero Nikolái la asió por el brazo izquierdo y, mientras la conducía al comedor, le dijo cariñosamente:


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