La Madre
La Madre Al amanecer ya iba la madre balanceándose sobre una carretela por un camino derrubiado por la lluvia de otoño. Soplaba un viento húmedo, por el aire volaban los salpiconazos de barro y el cochero, sentado en el pescante con el cuerpo girado a medias hacia su pasajera, se quejaba con aire pensativo y en un tono gangoso:
—Y entonces le dije a mi hermano: «¡De acuerdo, repartamos…!». Y comenzamos a repartir…
Y de repente, arreándole un latigazo al caballo de la izquierda, gritó furioso:
—¡Arreee…! ¡Tú juega, hijo de mala madre…!
Los cebados cuervos otoñales caminaban por los desnudos campos de labor con el aire afanoso de siempre, mientras el viento silbaba, soplando con fuerza sobre ellos. Los cuervos exponÃan los flancos a los golpes de viento, que les erizaban las plumas de las alas y les hacÃan trastabillar, hasta que, cediendo a su fuerza, levantaban el vuelo y, con varios perezosos aletazos, cambiaban de lugar.
—¡Y entonces va mi hermano y me engaña…! Cuando quise darme cuenta, ya no pude hacer nada… —concluyó el cochero.