La Madre

La Madre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo II-XXIV

Este miedo, como un musgo que le dificultara la respiración con su agobiante humedad, fue creciendo en su pecho y, cuando llegó el día del juicio, la madre entró en la sala de sesiones con una carga oscura y pesada, que le encorvaba el cuello y la espalda.

Algunos conocidos, vecinos del suburbio, la saludaron en la calle y ella les correspondió en silencio, mientras se abría paso entre la sombría multitud. En los pasillos y la sala del juzgado se encontró con familiares de otros reos y también intercambió con ellos algunas palabras en voz baja. Las palabras le parecían innecesarias, además de no comprenderlas. Todos los presentes estaban poseídos por un mismo sentimiento de aflicción, que se contagiaba a la madre y la abatía aún más.

—¡Siéntate a mi lado! —le dijo Sízov, desplazándose en el banco.

Ella se sentó obediente, se arregló el vestido y miró a su alrededor. Ante sus ojos se deslizaron en cadena unas bandas verdes y carmesíes, manchas multicolores y unos hilos muy finos y amarillos, que lanzaban destellos.

—¡Por culpa de tu hijo se va a desgraciar mi Grisha! —le espetó en voz baja una mujer, sentada a su lado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker