La Madre
La Madre SÃzov farfulló algo mientras se sentaba en el banco.
—¿Qué dices? —le preguntó la madre.
—¡Nada! Que la gente es tonta…
Sonó la campanilla. Una voz indolente anunció:
—¡De pie! ¡El tribunal!
Todo el mundo se puso de nuevo en pie y también de nuevo, en el mismo orden de antes, entró el tribunal y todos volvieron a sentarse. Hicieron entrar a los acusados.
—¡Atención! —susurró SÃzov—. Va a hablar el fiscal.
La madre estiró el cuello, echó hacia delante todo su cuerpo y se quedó inmóvil, aguardando otra vez algo terrible.