Mis confesiones
Mis confesiones —Y Jesús discutÃa con los sabios del templo como un niño y por eso precisamente les pareció que era superior a ellos, en su sencilla sabidurÃa —afirmaba Lárión—. Óyeme bien, Motka; no olvides esto y procura conservar siempre lo que hay de infantil en tu alma, porque es ahà donde está la Verdad.
Yo le preguntaba:
—¿Volverá pronto Cristo?
—SÃ, pronto, pues parece que las gentes vuelven a buscarle.
Al evocar las palabras de Larión, me formo la idea de que él veÃa en Dios al creador de las cosas más bellas, que consideraba al hombre como un ser torpe, extraviado en los senderos de la tierra, y que sentÃa lástima de este heredero incapaz de gozar los tesoros inmensos que Dios le habÃa legado.
Savelko participaba de estas creencias. Me viene ahora a la mente una imagen sagrada que apareció de un modo milagroso en el pueblo. Cierto dÃa de otoño, muy de mañana, fue una mujer a buscar agua, cuando de pronto notó algo que brillaba en el fondo del pozo. A sus voces acudieron el escribano y el cura; también presentóse Larión. Un hombre descendió al fondo del pozo, sacando una imagen santa que llamó «Zarzal ardiente». Inmediatamente se celebró una misa y decidióse edificar una capilla sobre el pozo. El párroco propuso: