Mis confesiones
Mis confesiones Comprendà todo cuanto decÃa de Jesús, el Dios joven; pero sus palabras relativas al pueblo que habÃa engendrado a Cristo me parecieron harto oscuras.
Asà se lo confesé, y me dijo:
—Si quieres comprender, comprenderás; si quieres creer, creerás.
Por espacio de tres dÃas anduvimos juntos, sin apresurarnos. Todo ese tiempo me estuvo aleccionando sobre los acontecimientos del pasado. Me refirió la historia del pueblo hasta la época contemporánea; me habló del perÃodo de las grandes turbulencias, de la persecución dirigida por la Iglesia contra los alegres saltimbanquis que despertaban la memoria del pueblo y difundÃan la Verdad bajo la máscara de los chistes.
—¿Comprendes ahora lo que representaba Savelko?
—SÃ.
—¡Bien! No olvides lo que voy a decirte: las cosas pequeñas provienen de las grandes, y éstas se hallan compuestas de partÃculas.
Cuando llegamos a Verkhoturie, me dijo:
—Ahora tomo otro camino; vamos, pues, a separarnos.
No hubiera querido separarme de él, y, sin embargo, comprendà que era necesario; Sus ideas fermentaban en mi interior; aquel hombre habÃa despertado mi espÃritu, trastornándolo como si hubiera removido en él hasta el fondo.