Mis confesiones
Mis confesiones De vez en cuando, entre el fragor infernal de las máquinas, una alegre canción iba surgiendo, espontánea y victoriosa. Yo sonreía interiormente y pensaba en la historia de Juan el Bobo, que, caballero a lomos de una ballena, quería seguir a una gaviota en los cielos.
Me sorprendía el carácter desvergonzado y grosero de los trabajadores de la fábrica; eran insolentes, rudos, bebedores, pero independientes y valerosos. En nada se parecían a los peregrinos y a los siervos de la gleba, que me sublevaban por su timidez, por su espíritu extraviado, por su tristeza indefinible y sus ruines picardías.
Los obreros de la fábrica eran audaces; sobreexcitados por su trabajo de presidiarios, reñían y aun se pegaban; pero en el momento en que se cometía una injusticia, la protesta estallaba con violencia en todos los pechos.