Mis confesiones
Mis confesiones Sus palabras me dejaron estupefacto; me resistÃa a darles crédito; pero Mikhailo me las confirmó por la noche. Estuvo mucho rato contándome las crueles persecuciones de que eran objeto muchos hombres; por expresarse como yo hice entonces, millares de personas habÃan muerto en el patÃbulo, en Siberia o en presidio, sin que ello fuera, sin embargo, obstáculo a que el número de esos hombres intrépidos aumentara incesantemente, en secreto.
Mi alma se vio entonces invadida por una exaltación y una claridad nuevas; los discursos de Mikhailo y de sus camaradas tomaban a mis ojos un significado muy distinto. Desde el momento en que un hombre se presta a dar su libertad y su vida por su creencia, es que sus sentimientos son sinceros; se eleva al nivel de los primeros mártires que murieron por Jesucristo.
Todas las palabras de Mikhailo florecieron y se ordenaron en mi alma, uniéndose a ella.
No aprendà súbitamente todo el contenido de aquellas ideas, pero aquella noche comprendà por vez primera que eran familiares a mi espÃritu; la Tierra entera se me representó como un Belén fecundado con la sangre de sus hijos y me expliqué el deseo vehemente de la Virgen, cuando, a la vista del infierno, pidió al arcángel Miguel:
—¡Miguel! ¡Déjame que sufra en el fuego! Yo también quiero pasar por estas torturas.