Mis confesiones
Mis confesiones Sólo que entonces no se trataba de pecadores, sino de justos; de hombres que ambicionaban destruir el infierno terrestre, dispuestos a sufrir todos los tormentos.
—Ya no hay santos anacoretas, hogaño. ¿Será porque el hombre ha buscado la compañÃa de sus semejantes, en lugar de rehuirla? —pregunté una vez a Mikhailo.
—La verdadera fe constituye siempre un manantial de acción —contestó.
—Iniciadme también en esta acción —imploré.
Estaba lleno de fervor.