Mis confesiones
Mis confesiones Larión negaba a Satanás, y, sin embargo, las vidas de los santos me forzaban a reconocer su existencia; por otra parte, sin la existencia del diablo no se concebiría la caída del hombre. Larión consideraba a Dios como el creador único y todopoderoso; pero entonces, ¿de dónde emanaba él? Según las vidas de los santos, la fuente de todo mal es Satanás. Asimismo me lo explicaba yo. Dios había creado las cerezas y Satanás los glotones. Dios había creado los ruiseñores y Satanás los búhos.
Pero yo, aun cuando admitía el diablo, no creía en él ni me daba miedo. Necesitaba de él para explicarme la existencia del mal; pero, al mismo tiempo, me estorbaba porque reducía la majestad de Dios. Me esforzaba en no profundizar este problema, pero Titof atraía con insistencia mis ideas sobre el pecado y el poder diabólico.
A menudo, mientras yo estaba leyendo en voz alta, me interrumpía sin levantar los ojos;
—Matvei, ¿qué significa esta última frase?
—¿Cuál?
Tras una breve pausa leía:
—«¿Dónde me ocultaré de tu rostro, dónde me refugiaré contra tu cólera?»