Mis confesiones
Mis confesiones Su mujer lanzaba un profundo suspiro y me miraba casi con terror, como si esperase algo extraordinario. Y Olga, con un guiño de sus ojos azules, aventuraba: —¿Dónde? En el bosque.
—«¿Dónde me ocultaré?» —repetÃa Titof.
Aquella noche, lo recuerdo aún, sacó las manos del bolsillo y empezó a atusarse los bigotes; le temblaban las cejas. Luego, retirando las manos, añadió:
—Es el rey David quien preguntaba: «¿Dónde me ocultaré?» ¡Bah! ¡Era un rey y sentÃa miedo! Se ve que el diablo era mucho, más fuerte que él. ¡Era el ungido de Dios y lo venció el diablo! «¿Dónde me ocultaré?» ¡En el infierno, no cabe duda! ¡A nosotros, los pobres, no nos queda otra esperanza, puesto que los reyes van a parar allÃ!
VolvÃa sobre este tema con sobrada frecuencia; aun cuando yo no comprendÃa bien sus palabras, experimentaba al oÃrlas una impresión desagradable.
Las gentes se ocupaban cada vez más de mi devoción. Titof me dijo un dÃa.
—Ora piadosamente por mà y por toda mi familia, Matvei. Te lo encarezco, ruega por nosotros. ¡Asà me recompensarás por haberte recogido y tratado como un hijo!