Mis confesiones

Mis confesiones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

IV

CUANDO los domingos iba al pueblo, las gentes me miraban con curiosidad; unos me saludaban riéndose; otros permanecían graves, y, no pasaba inadvertido de nadie.

—¡Ahí va nuestro pozo de oraciones! —decían.

—Oye, Matvei; ¿te propones llegar a santo?

—No os burléis, muchachos, que no se trata de un cura; si cree en Dios no es para sacar dinero.

—¿No hubo santos que fueron campesinos?

—Todo sale de nosotros y, sin embargo, no somos ricos.

—¡Pero si éste no es un labriego! ¡Es un señorito ilegítimo!

Y las alabanzas se enredaban con las injurias.

En aquel tiempo mi estado de espíritu era muy particular; estaba deseando que todo el mundo fuera amable conmigo, para poder vivir en paz con todos; hice esfuerzos para conseguirlo, pero sus sarcasmos me lo impedían.

Savelko Miguoune era el que con más empeño me perseguía. No pocas veces cuando nos tropezábamos se prosternaba a mis pies y prorrumpía en tono declamatorio:

—¡Salve, santidad! Rogad por Savelko; tal vez Dios os preste oídos. ¡Enseñadme a cumplir con Dios! ¿Debo dejar el robo o bien robar más y luego ofrendar un gran cirio?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker