Mis confesiones
Mis confesiones —Oye, Matvei; se presenta una circunstancia para conquistar tu dicha. ¡Aprovéchala si aspiras a ser un hombre!
Me explicó de qué se trataba; de realizarse la cosa, los colonos perderÃan mucho, la finca ganarÃa un poco y Titof embolsarÃa unos doscientos rublos.
—Qué, ¿te falta valor?
De haber formulado la pregunta en otra forma, yo no hubiera cedido; pero sus palabras me produjeron el efecto de un latigazo.
—¿Valor para el robo? —exclamé—. No es valor lo que se necesita, sino ruindad de espÃritu. ¡Pues bien, robemos!
Interrumpióme socarronamente:
—¿Y el pecado?
—¿Mis pecados? Me encargo yo de contarlos.
—¡Está bien! Y ahora te anuncio que el dÃa de la boda no está lejos.
Me habÃa pillado en la trampa; y yo habÃa sido lo bastante estúpido para dejarme sorprender.