Mis confesiones
Mis confesiones —Quieres demostrarme que he corrompido mi alma, para obtener humo y pavesas, ¿no es eso? Pues no te creo; rechazo esta humillación. No es Tu voluntad, la que hace arder la casa; la han quemado los colonos por odio a Titof y a mÃ. ¡Si niego Tu ira, no es porque me juzgue indigno de ella, sino porque la ira es indigna de Ti! No has querido ayudarme en la hora de la tentación; Tú eres el culpable y no yo, que estoy desprovisto de armas contra el pecado. Entré en el camino del delito como se penetra en un bosque intrincado; me vi cercado por todas partes. ¿Cómo salir de él?
Esas palabras estúpidas no me proporcionaron ningún consuelo; lejos de serme justificativas, hacÃan brotar en mi alma un sentimiento de obstinada malignidad.
Mi casa se consumió antes que mi cólera; yo seguÃa inmóvil en el linde del bosque, apoyado en un árbol. El blanco semblante de Olga se me apareció, entristecido y lloroso, por un momento.
Increpé a Dios con insolencia, tratándole como a un igual:
«Si Tú eres fuerte, yo también lo seré; asà debe ser en estricta justicia».