El Viento en los sauces
El Viento en los sauces El Gran Hotel de la Naturaleza tiene su temporada alta, como los demás. A medida que los huéspedes van haciendo el equipaje pagan y se van, a medida que los asientos de la mesa redonda disminuyen tristemente en cada comida, se cierran las habitaciones, se guardan las alfombras y se despide a los camareros, los clientes que se quedan en pensión hasta la próxima temporada no pueden evitar sentirse un poco afectados por todos estos preparativos y despedidas, esta animada discusión de planes, rutas y nuevos destinos, esta mengua diaria del caudal de la compañía. Uno se siente inquieto, deprimido y quejumbroso. ¿Por qué esta ansia de cambio? ¿Por qué no os quedáis tranquilamente aquí, como nosotros a pasarlo bien? No conocéis este hotel en temporada baja, no sabéis cómo nos divertimos los que nos quedamos, lo interesante que es pasar aquí el año entero. Y los otros siempre contestan: Si, claro, es verdad, nos dais mucha envidia y a lo mejor otro año… pero ahora tenemos compromisos… y el autobús espera en la puerta… ¡tenemos que irnos! Y se van, con una sonrisa y un gesto de cabeza, y les echamos de menos, y les guardamos rencor. El Ratón era un animal independiente, arraigado en la tierra, y aunque otros se fueran él se quedaba; pero no podía evitar sentir lo que flotaba en al aire, una sensación que le calaba hasta los huesos.