El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Un año intenté «quedarme» —dijo la tercera golondrina—. Me habÃa encariñado tanto con el sitio que cuando llegó la hora me eché atrás y dejé que las otras partieran sin mÃ. Durante unas semanas todo fue bastante bien, pero luego… ¡Ay, qué largas eran las noches! ¡Qué frÃos aquellos dÃas sin sol! ¡Qué húmedo y helado el aire, donde no se veÃa un solo insecto! No, era inútil, se me cayó el alma a los pies, y una noche frÃa y tormentosa remonté el vuelo, dirigiéndome tierra adentro para aprovechar los vendavales del este. Nevaba con fuerza cuando alcancé los pasos de las altas montañas, y tuve que batir las alas con fuerza para atravesarlos; pero nunca olvidaré la maravillosa sensación del sol calentándome de nuevo la espalda mientras me precipitaba hacia los lagos, tan azules y plácidos allá abajo, ¡ni el sabor de mi primer insecto bien gordo! El pasado era como un mal sueño, el futuro unas vacaciones felices mientras avanzaba semana tras semana hacia el Sur, a mi aire, perezosamente, remoloneando todo lo que me atrevÃa, ¡pero siempre en pos de la llamada! No, estaba escarmentada, y nunca se me ha ocurrido volver a desobedecerla.
—¡Ah, sÃ, la llamada del Sur, del Sur! —piaron soñadoramente las otras dos—. ¡Sus canciones, sus colores, su aire radiante! Oh, ¿os acordáis de…?