El Viento en los sauces
El Viento en los sauces El Ratón, muy agitado, volvió a alejarse de allí, subió la pendiente que se elevaba suavemente desde la orilla norte del río y se quedó mirando hacia el amplio círculo de las Colinas que le tapaban la vista hacia el sur… que habían sido hasta entonces su único horizonte, sus Montañas de la Luna, el límite tras el cual no había nada que quisiera ver o conocer. Pero hoy, mirando hacia el sur con aquel nuevo apremio bullendo en su corazón, el cielo claro sobre su larga silueta baja parecía vibrar cargado de promesas; hoy lo invisible era todo, lo desconocido lo único real de la vida. A este lado de las colinas todo parecía ahora vacío, mientras que al otro se extendía aquel panorama lleno de cosas y colores que su ojo interior veía con tanta claridad. ¡Qué mares había más allá, verdes, rizados y encrespados! ¡Qué costas bañadas por el sol, donde las casas blancas brillaban entre olivares! ¡Qué puertos tranquilos, llenos de airosos barcos a punto de zarpar hacia las islas violeta del vino y las especias, islas bajas recortadas en aguas lánguidas!