El Viento en los sauces
El Viento en los sauces ¡Libre! Sólo la palabra y la idea valían por cincuenta mantas. Entró en seguida en calor al pensar en el alegre mundo exterior, que esperaba ansiosamente su entrada triunfal, dispuesto a servirle y halagarle, impaciente por ayudarle y hacerle compañía, como siempre había ocurrido en tiempos, antes de que la desgracia se cebara en él. Se desperezó, se quitó del pelo con los dedos las hojas secas y, concluido su aseo, salió al acogedor sol matinal, todavía con un poco de frío pero confiado, hambriento pero esperanzado, disipados ya los nerviosos terrores de la víspera por el sueño y el descanso y la reconfortante luz del sol.