El Viento en los sauces
El Viento en los sauces 
«Cual tormenta de verano llegaron sus lágrimas»
El Ratón estiró su parda patita, agarró firmemente al Sapo por el pellejo de la nuca y tiró de él con todas sus fuerzas, y el empapado Sapo se elevó lenta pero seguramente sobre el borde del agujero hasta verse al fin sano y salvo en el pasillo, cubierto de barro y hierbajos y chorreando agua, pero feliz y animado como antaño, ahora que volvía a encontrarse en casa de un amigo después de todas sus fugas y persecuciones, y podía quitarse por fin aquel disfraz tan impropio de su posición y que tantos quebraderos de cabeza le había dado.
—¡Ay, Ratoncito! —gritó—. ¡No te puedes imaginar por lo que he pasado desde la última vez que te vi! ¡Cuántas tribulaciones y sufrimientos, todos soportados con gran entereza! ¡Cuántas fugas y disfraces y subterfugios, todos planeados y llevados a cabo con gran maestría! ¡He estado en la cárcel, pero por supuesto me he escapado! ¡Me han tirado a un canal y he nadado hasta la orilla! ¡He robado un caballo y lo he vendido por una gran suma de dinero! ¡He engañado a todo el mundo y me las he ingeniado para que hicieran exactamente lo que quería! ¡Oh, no cabe duda de que soy un Sapo muy listo! ¿Cuál crees que ha sido mi última hazaña? Espera a que te la cuente…
