El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Junto con Alicia de Carroll, Peter Pan de Barrie y Winny de Puh de Milne, El viento en los sauces es sin duda uno de los grandes clásicos («no grandes, enormes», matiza Alfredo Lara) de la literatura infantil, en concreto de lo que se ha dado en llamar su Edad de Oro inglesa. Que los cuatro autores fueran británicos y coetáneos puede ciertamente entenderse como prueba de la pujanza de esta literatura en la época victoriana y eduardiana, que en el apartado «juvenil» (por utilizar la manida terminología de los pedagogos) también domina el panorama de modo abrumador: baste recordar a Stevenson y Connan Doyle, que dicho sea de paso también eran escoceses de Edimburgo, como Grahame (Barrie lo era de Kirriemuir). Por otra parte, no deja de ser curioso que las cuatro historias nacieran como cuentos fantásticos contados a niños, antes de asumir la forma de libros celebérrimos, e igualmente la importancia que en todas ellas tienen los animales, que en Winny de Puh y El viento en los sauces (como en El libro de la selva de Kipling, otro eminente Victoriano) son además los protagonistas absolutos.
