A orillas de rÃo Rogue
A orillas de rÃo Rogue Perecen uno a uno los más hábiles o infortunados, pero el sacrificio de sus vidas, en aras de la especie, no les arredra ni con mucho. Al fin, en los lÃmites superiores y sobre el lecho arenoso, el salmón hace su desove y tiende su cama de incubación para la estación venidera. Cuando el sol brilla y calienta, en los dÃas cálidos y luminosos, pueden verse las formas plateadas e inmóviles de las hembras absortas en la sagrada tarea de la procreación. Y todavÃa la carnada tiene que vencer un nuevo y no pequeño peligro. Por encima de ellos, acechando indeciso, como los lobos al aguardo del rebaño, remolonea a veces el canÃbal de la especie, salmón macho de rapiña, que irrumpe voraz como una tromba en la camada de huevos para arrebatar un exquisito bocado, que luego marcha a disputar con sus congéneres.
Y a pesar de todo, la incubación prosigue... Los huevos son puestos, incubados, aunque sea a costa de la vida de sus progenitores. Millones y millones de pequeños salmones, tan pequeños que apenas pueden ser vistos, sobrevivirán a esta lucha descomunal, surgirán, como nuevos fénix, de los esqueletos de sus mayores. Como por arte de magia, el nuevo enjambre crece. Y cuando llega la hora, se produce para ellos la misma misteriosa llamada que impulsó a sus progenitores a remontar el rÃo, aunque en esta ocasión procede del ancho mar.