A orillas de rÃo Rogue
A orillas de rÃo Rogue Cuando Keven despertó, el dÃa estaba ya bastante avanzado. Se deslizó fuera de las sábanas y se encontró con un cuerpo dolorido y embotado, cual si le hubiesen propinado una tremenda paliza. Trabajosamente, sacó de su pequeña maleta una camisa de franela y un jersey limpios; también echó mano a un par de calcetines, de los que se hallaba bien provisto, ciertamente, y a un par de botas de repuesto, secas y limpias. Tardó algún tiempo en asearse y vestirse, y se preguntó durante el rato que duró la operación, qué habrÃa sido de Garry y de su cargamento de salmones. Aunque... ¿habÃa sido aquello una realidad o tan sólo un sueño?
Cuando se encontró presentable, salió al exterior. Las ropas que habÃa llevado la noche anterior estaban tendidas al sol, y atestiguaban, por su estado de suciedad, que la ruda tarea de la afortunada pesca no habÃa sido un sueño, sino una realidad. A Garry no se le veÃa por ninguna parte. Tampoco estaba a la vista la barcaza, con su cargamento de salmones. No cabÃa duda de que su amigo estaba ausente y empeñado en la agradable misión de convertir la mercancÃa en billetes. En vista de ello, se dedicó a preparar la comida que habÃa de servirles de desayuno y de almuerzo al mismo tiempo.
Cuando hubo encendido el fuego, se dirigió al rÃo a buscar un cubo de agua.
