A orillas de rÃo Rogue
A orillas de rÃo Rogue Keven se despertó muy tarde al dÃa siguiente; pero, a pesar de todo, se vio obligado a despertar a Garry, tratando de aparentar una alegrÃa y una satisfacción que estaba muy lejos de sentir. Garry, por otra parte, estaba desde algunos dÃas atrás bastante decaÃdo y de un pésimo humor.
El verano habÃa hecho ya su triunfal entrada en toda la costa, y una luz ambarina y clara bajaba de las altas montañas. Chillaban con estridencia prolongada las gaviotas y las avefrÃas, en pelea constante por los despojos que les servÃan de pasto y que les proporcionaba el mar; también se veÃa pasar, de cuando en cuando, a muy elevada altura, algún águila de gran tamaño, volando en dirección al interior. Keven se preguntaba cómo era posible no estar contento y satisfecho de vivir en aquel tiempo maravilloso. Desde luego, en lo que a él tocaba, su salud no habÃa sido muy buena durante los últimos meses; pero los disgustos y contratiempos habÃan retardado, indudablemente, una recuperación que podrÃa haber sido total en un ambiente de mayor comprensión y tranquilidad. Lentamente, con la entrada del radiante verano, sus fuerzas se restablecÃan, sin embargo, llenándole de una esperanza dulce y halagadora al mismo tiempo.
—¿Dónde has estado esta madrugada, Kev? —le preguntó Garry mientras tomaba el desayuno.
—Anduve echando un vistazo por las factorÃas —contestó.
