A orillas de rÃo Rogue
A orillas de rÃo Rogue Al dÃa siguiente, bien temprano, Keven empezó a trabajar. Estar algunas horas, con un azadón en la mano y doblado sobre un surco de tierra, era para él una tarea bastante más molesta que la de hallarse sentado sobre el banquillo de una barca, remando sin parar. SentÃa, una vez más, la ansiedad que le producÃa la falta del estÃmulo alcohólico, pero la placidez del lugar, la soberbia quietud y la calma de aquellos bosques inmensos, que se extendÃan por doquiera, empezaban a templar sus nervios, produciéndole una lenta, pero sensible recuperación.
Aquella vida era buena para su salud, indudablemente, y él tenÃa que perseverar en su propósito y poner de su parte todo cuanto pudiese para comenzar a liberarse a sà mismo del fantasma siniestro del alcohol.
