A orillas de río Rogue
A orillas de río Rogue Una mañana, Keven cabalgó, acompañando a Aard, hacia Illahe, llevando ambos una reata de mulos que debían regresar cargados con mercancías y objetos preciosos en Soledad.
El sol no había podido romper la niebla hasta que los viajeros estuvieron más allá de la Barra del Missouri, y en aquel momento Aard se detuvo un instante y señaló hacia el río.
—Espera un momento, Keven dijo—; he visto, si no me equivoco, saltar algunas truchas; esto va a ser, con toda seguridad, la corrida que estaba esperando Beryl.
—¡Cielos! —exclamó Keven, que se había quedado, en efecto, a la expectativa— . Tienes razón, Aard... Hay truchas en el río.
