Al oeste del pecos
Al oeste del pecos Pecos había adquirido la costumbre desde hacía muchos años de mirar a los hombres para calibrarlos por medio de un rápido examen. Y el hecho de que fuera capaz de valorarlos con tanta rapidez, era la causa principal de que el joven continuase estando vivo.
—¡Buenos días! ¿Es usted Brasee? —preguntó con su habitual calma.