Al oeste del pecos
Al oeste del pecos Brasee dirigió una dura mirada a Pecos; se creÃa impotente para combatirle en el terreno que parecÃa propio del vaquero. HabÃa algo en el aspecto de Pecos, en su talante, que se oponÃa a su voluntad de expulsarlo. No hacÃa mucho tiempo que residÃa al oeste del Pecos.
—Según dice Sambo, le debe a usted algún dinero —continuó el joven mientras señalaba por medio de un gesto al sorprendido negro.
—SÃ. Lambeth me debe todas las provisiones del pasado invierno.
—¿Cuánto?
—No importa, señor.
¡Importa muchÃsimo! —replicó Pecos cambiando sutilmente de actitud—. Si es usted un sheriff o un batidor tejano, enséñeme la insignia.
Brasee no intentó hacerlo. Pecos habÃa supuesto anteriormente que no lo harÃa.
—¡Ah! ¿Jugando a la policÃa, eh? Lo he visto hacer muchas veces en Texas. Pero los que lo hacen no viven mucho tiempo… ¿Cuánto debe ese muchacho?
—Doscientos… diez… dólares —contestó Brasee medio atragantándose.