Al oeste del pecos
Al oeste del pecos El trueno continuó produciéndose, a cada momento más débilmente. La tierra cesó de agitarse, de vibrar bajo las pisadas de los búfalos. Una hora más tarde, la desbandada se habÃa convertido de nuevo en un murmullo distante y sordo.
—El buen Dió etá con nosotro, señita Rill —dijo Sambo mientras conducÃa a Dixie hacia ella. Después subió al asiento de su carro y, llamando a Mauree, retrocedió entre el polvo, que comenzaba a asentarse, a lo largo de la gran senda. Sin embargo, pasó bastante tiempo antes de que Terrill volviera a instalarse sobre la silla de su caballo. Finalmente, el polvo fue arrastrado por el viento; y entonces pudieron ver, a lo lejos, que Lambeth se encontraba con los caballos.