Al oeste del pecos
Al oeste del pecos El rancho de Hudson estaba junto a las fuentes del RÃo FrÃo, y era una áspera y hermosa región que atrajo la atención de Pecos.
El mismo dÃa en que llegó Pecos con sus tres carros, se vio que habÃa búfalos en un valle maravillosamente abrigado donde se hallaban pastando las dos mil reses adquiridas por Pecos, pero según Hudson, en muchas ocasiones arribaban a las inmediaciones del RÃo FrÃo algunas manadas que probablemente habÃan sido separadas del grueso del hato por los cazadores. Aun antes de que hubiera llegado Pecos, ya se habÃa preparado una cacerÃa de búfalos en su honor.
La casa ranchera de Hudson descubrÃa que en ella residÃa un hombre soltero acostumbrado a un género elemental de vida. Estaba situada en un paso, entre dos lomas redondas, donde el viento soplaba eternamente. Terrill declaró que este continuado viento la habrÃa enloquecido.
—¡Cómo! ¡El viento! —exclamó el tejano, sorprendido—. ¡Si no hubiera viento, no podrÃa pertenecer a Texas esta región!
¡Dios mÃo! ¿Qué es nuestro del Norte comparado con esto? —contestó Pecos—. Hudson, vivimos en un desfiladero donde el viento apenas sopla. No hay polvo. Y nunca hace mucho frÃo, ni siquiera en los dÃas en que corre el del Norte.