Al oeste del pecos
Al oeste del pecos Pecos se entregó al dÃa siguiente a la tarea de bajar valle todo lo que habÃa comprado, trabajo duro y absorbente que no le dejó tiempo para experimentar el ataque de sentimentalismo que podrÃa haberle vencido al regresar a su rancho. Otro dÃa más amaneció, y lo encontró sentado sobre la silla de Cinco, conduciendo a su alegre y osado equipo hacia las espesuras del rÃo. Y aquella misma noche, habiendo encontrado a Terrill reposada y tranquila, se entregó en manos de su anhelo y se encaró con la complicada perspectiva de su porvenir. Pero no dijo nada a Terrill en aquel momento.