Al oeste del pecos
Al oeste del pecos ¡De ningún modo! Es el hombre de mejor carácter que pueda encontrarse —contestó McKeever—. Pero siempre anda metiéndose por en medio cuando hay alguien en un apuro… Y es un infierno cuando tiene una pistola en la mano.
Ésta fue la presentación de Smith a los Heald. Varios dÃas más tarde, Pecos llegó al rancho. Era un muchacho agradable, sonriente, despreocupado, de pura raza tejana. A Bill Heald le resultó muy simpático y, teniendo necesidad de caballistas, le ofreció un empleo.
—SÃ, me quedaré a trabajar con usted —respondió Smith—. A Mac no le gustará, claro es, pero se ha portado pésimamente conmigo en Santa Fe. Ha renegado de mà con exceso.
—McKeever me dijo que habÃas matado a un hombre —añadió Heald con calma, mientras observaba al vaquero—. En realidad, lo que me dijo fue que habÃas matado a otro hombre más.
—¡Ese Mac tiene la lengua demasiado larga! —dijo dolido el vaquero—. ¡Siempre está hablando de mÃ!
Heald pensó que serÃa prudente renunciar a hacer más investigaciones personales, a pesar de la curiosidad que suscitaba Smith. Sin embargo, la perspicacia de Heald le sugirió la conveniencia de averiguar ciertos detalles acerca del caballista, lo que le forzó a hacerle una nueva pregunta.