Arizona
Arizona —¡Quisiera morirme, Cappy!, —sollozó, y su dolor se hizo indomable. Lloró con violencia y abandono, como si tuviese las lágrimas contenidas desde hacÃa mucho tiempo. El viejo cazador se asustó. ¿Cuándo habÃa visto él llorar a una mujer? Nesta se cogÃa a él con el miedo del que se siente caer en un abismo. Aunque estaba poco acostumbrado a tratar mujeres, sintió que algo terrible se ocultaba tras de aquel tremendo dolor. SentÃa algo que no podÃa explicar, que él era el único en quien ella se hubiera confiado.
Los presentimientos de Rich eran grandes, allà habÃa algo más hondo de lo que él suponÃa.
—Tú me has empujado por la pendiente, Cappy —prosiguió Nesta—. Yo estaba luchando con mi vanidad, pero cuando me has dicho que estarÃa adorable y que las muchachas del Tonto se morirÃan de envidia, he caÃdo en la tentación.
—Pues me alegro de haber venido por aquà —dijo, mintiendo, Cappy—, porque es verdad y tengo ganas de verlo.
—¡Eres un consuelo, viejo amigo!… Iré, cueste lo que cueste.
—El coste ya está pagado, mujer —contestó Tanner riendo—. No me gustarÃa tener que decirte lo que me ha costado.
—No me referÃa a su valor en dinero —dijo ella, arrepentida.