Arizona
Arizona —Yo me inclino por lo primero; pero el buen sentido y la consideración a Nesta me deciden por lo segundo —repuso sentenciosamente el viejo cazador.
—¿Cómo no ibas a meter a Nesta de por medio? —exclamó Rich con tono casi de burla—. ¡Maldita sea su linda cara…! Seguiremos tu consejo, Cappy, y aguantaremos lo que haya que aguantar de esta gente, pero me gustarÃa armar jarana. Sam también lo está deseando. Es la primera vez que se le ve un poco de sangre. Ha entrado echando llamas por los ojos y hecho una fiera, y ahora no me quiere decir nada.
—¿Le ocurre algo, Playford? —preguntó Cappy fijando una mirada interrogadora en el joven ranchero.
—¡SÃ! —rugió Sam—. Pero no importa. No es eso lo que yo quiero hacer. Rich y yo no estamos bien aquÃ, entre todos estos amigos de Tate, y por Nesta creo que no debÃamos ver, ni oÃr, ni hacer nada… y volvernos a casa esta noche antes de que todos estén borrachos.
—Muy bien dicho, y procederemos de acuerdo con esas palabras —afirmó con tono decisivo Tanner—. Ni una sola gota de licor. ¿Lo oyes, Rich Ames?
—SÃ, ya lo oigo —repuso con indiferencia Rich—. Las dos copas que bebà me durarán muchos dÃas. Me sentaron como un par de coces de una mula.
—Pues vamos, y a ver si os portáis como dos niños bien educados que salen con su papá.