Arizona
Arizona Habiendo comido y descansado, Tanner reanudó su viaje, hallándose mejor a medida que se separaba de la carretera y se internaba en el bosque. Cuando empezó a percibir señales de venados y bandadas de pavos silvestres, y a ver dónde los osos habían roto las ramas de los enebros para comerse sus frutos, se dio cuenta de que se acercaba a su hogar.
Por fin el sendero salió de la densa sombra del bosque a la plena luz del sol, brillante sobre lomas cubiertas de robles, con espesos matorrales en las cañadas que las separaban. Del camino partían muchas barrancas que descendían todas en la misma dirección. Acá y allá, por entre los desfiladeros de la sierra, se percibía el cañón oscuro y purpúreo, que sugería con viveza la idea del oso y el jaguar. Volvió una brusca punta de maleza y robles para salir sobre la alta ladera del Cañón del Tonto. El paisaje era magnífico, solitario, bravío y accidentado en extremo. El melodioso murmullo del agua corriente activaba la memoria. ¿Cómo encontraría a los Ames: Neta Rich y las niñas mellizas?
