Arizona
Arizona —Nesta, no es demasiado tarde —dijo con voz patética—. ¡Pobre muchacha! ¡Todo por vanidad! Yo te seré fiel. Nadie sabrá nada.
—¡Sam! ¿Te casarÃas conmigo… ahora?, —sollozó, perdiendo de súbito toda la amargura y el rencor.
—SÃ. Volveremos a casa y celebraremos la boda como la tenÃamos proyectada.
—¡No, no! —imploró ella, despojada de la desesperada resignación que habÃa sido su áncora.
—Pero Nesta, ¿no has dicho que me amabas? —prosiguió Sam con ternura.
—¡SÃ! ¡SÃ! Nunca he dejado de amarte. Pero no puedo arriesgar eso… ¡Dios mÃo! ¡Si me atreviera!
Rich Ames alargó la mano para asirla de un hombro y hacerle levantar la cabeza del pecho de Playford.
—¿Por qué no te atreves? —preguntó con aspereza—. Sam es bueno y leal. Te ama de verdad. Nadie sabrá nada. El niño será un Ames. Cappy y yo guardaremos el secreto. ¿Por qué no te atreves?
Tanner nunca habÃa pasado por un dolor como el que entonces retorcÃa su corazón. Nesta no pudo sostener la mirada de los ojos llameantes de su hermano; se apartó del fiel Playford y murmuró lastimosamente, dirigiéndose a Tanner:
—Cappy… Me perseguirÃa…, me cogerÃa sola algún dÃa…