Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste »Mire usted a Nels. El poco pelo que tiene, blanco como la nieve; la piel requemada, curtida como cuero… Fíjese en su corcova; y en sus manos cuando se nos acerque; sobre todo en sus manos. Nels no puede, aunque quiera, recoger un alfiler del suelo. A duras penas consigue abrocharse la camisa o deshacer un nudo en su reata. Parece un sesentón…, un vejete ¡y no ha llegado aún a los cuarenta! Es joven, pero cada uno de sus años encierra una vida. Señorita Majestad, Arizona ha hecho de Nels lo que es; Arizona y su desierto y la labor del cowboy. Ha aballado[9] por el Cañón del Diablo y el Verde y la Cuenca del Tonto. Conoce milla a milla el valle de Aravaipa y la región de Pinaleno. Ha recorrido la pampa de Tombstone a Douglas; antes de llegar a los veintiún años había ya tumbado blancos de mala reputación y mejicanos de peor calaña. Ha visto mucho; mis sesenta años no son nada al lado de su experiencia. Mis tiempos de joven en las planicies y en las divisorias, contendiendo con los apaches, son una nadería comparados con lo que Nels ha visto y ha pasado. Él ha venido a ser una parte del desierto; podría decirse que es roca y fuego y silencio y cactos y fuerza. Es un hombre, señorita Majestad, un hombre maravilloso. Podrá tal vez parecerle basto, pero… en el rancho le enseñaré trozos de cuarzo tan basto que le cortarán las manos y… son de oro puro por dentro. Lo mismo ocurre con Nels y con la mayoría de los cowboys.