Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Durante una semana el rodeo se desarrolló en las cercanías del rancho, y Magdalena pasó la mayor parte de su tiempo a caballo, contemplando la esforzada labor de vaqueros y cowboys. Engañábase respecto a su resistencia, y en más de una ocasión tuvieron que bajarla de su silla.
El contento que su presencia proporcionaba a Stillwell se trocó en aprensión. Quiso persuadirla de no acudir al rodeo, y Florencia, cuya inquietud iba en aumento, unió sus ruegos a los del veterano.
Mas todo fue inútil; Magdalena se mostró inconmovible.
En forma vaga iba dándose cuenta de la realidad de lo que estaba presenciando, algo infinitamente más importante que el simple ajoramiento de reses por cowboys, y le fastidiaba perder una sola hora de las que podía invertir en la oportunidad.
