Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Recobraron su compostura para prestar de nuevo atención al juego. El final sobrevino con espectacular rapidez. Un estridente alarido hendió los aires y todos los cowboys se volvieron en la dirección de que procedía.
Un caballo negro acababa de franquear el cantil de la meseta y avanzaba al galope. Su jinete dio una voz de mando a los cowboys, quienes, al oírle, abandonaron el campo, precipitándose hacia donde estaban sus caballos.
—Es Stewart. Algo inesperado ocurre —dijo alarmada Magdalena.
Castleton se la quedó mirando. Los otros hombres prorrumpieron en exclamaciones de desasosiego. Las mujeres atisbaron con ansiosa expresión a su amiga.
El negro, acortando la distancia, avanzaba hacia ellos apresuradamente.
—¡Oh! ¡Cómo galopa ese animal! —gritó Elena—. ¡Y… cómo monta su jinete!
