Bajo el cielo del oeste

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XV

Al marchar por una puerta Stewart, Florencia llamó a la otra; y Magdalena, perdida buena parte de su habitual serenidad, acogió con visible alegría a la imperturbable muchacha. Fue bastante su presencia para restablecer su ecuanimidad. Dióse cuenta de la viva curiosidad de la joven y, luego, de su deliberado y amable cambio de actitud. Florencia podía estar para sus adentros consumida de curiosidad por saber nuevos detalles de los ocultos bandidos; de los planes de los cowboys para la captura; del motivo de la evidente excitación que Magdalena pugnaba por reprimir, mas en vez de acosarla a preguntas, llevó la conversación hacia el importante problema del equipo para la inminente jornada. Durante más de una hora discutieron la conveniencia o la necesidad de tal o cual artículo, seleccionaron los más indispensables, y luego los empaquetaron en los hatos de Magdalena.








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