Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Durante las noches frescas y estrelladas los camperos instalábanse alrededor de la llameante hoguera narrando historias sensacionales en armonía con los altos picachos y la salvaje soledad.
Como cuentista, Monty Price alcanzó insospechado renombre. Era un fertilísimo embustero, mas sus arrobados oyentes no lo hubieran descubierto nunca a no traicionarle, impulsados por la envidia, sus camaradas. La verdad de sus notables ficciones no había llegado a Castleton, sin duda por la obtusa comprensión del inglés. Había, además, otro detalle, mucho más extraño y tan divertido como éste. Dorotea Coombs sabía que Monty era embustero; pero la fascinaban de tal modo los brillantes ojos de basilisco que clavaba en ella, la impresionaban tanto sus historias de sangre y de muerte, que, no obstante lo que sabía, acababa creyéndolas.
