Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Experimentaban todos marcada repugnancia a abandonar la reunión de la hoguera. Los troncos, transformados en un vasto montón de ascuas de oro, despedÃan un calor propicio a la evocación del espÃritu de los sueños. Al menguar las llamas, las sombras de los pinos iban invadiendo más y más el cÃrculo de vacilante luz. Una fresca brisa reavivaba las brasas, levantaba copos de blanca ceniza, y gemÃa entre los árboles. Los agudos gritos de los coyotes se extinguÃan en lontananza, y el cielo era una prodigiosa bóveda azul oscuro tachonada de blancas estrellas.
—¡Qué noche tan perfecta! —dijo Magdalena—. Es la más a propósito para comprender el ensueño, el misterio, la maravilla del Sudoeste. Florencia, hace mucho tiempo que prometiste contarnos la historia de la perdida mina de los padres. Será para todos nosotros un deleite el poder comprender algo del influjo que esta tierra ejerció sobre los españoles que la descubrieron, y además tendrá ahora un especial interés, porque esta montaña oculta en algún ignoto rincón de sus entrañas los tesoros de esa perdida mina de los padres.