Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Quizá podrÃas esperar un poco, amigo —dijo Monty Price.
—Monty, ¿quieres que te estrelle los sesos? —replicó Stewart, con vibrante y metálica voz.
—Considerando su excelente calidad, preferÃa conservarlos —rezongó Monty—. Puedes estar seguro de que no pienso atravesarme en tu camino. Pero asà y todo te digo… escucha.
Stewart levantó la cabeza. Todos escucharon. Y todos oyeron el rápido galope de un caballo. El sol se habÃa puesto va, pero el parque aún no estaba oscuro. En el portel apareció Nels a caballo. Un instante después llegaba junto a ellos, deteniendo en seco a su tordo. De un salto desmontó ante Stewart.
Magdalena vio y descubrió algo anormal en la presencia del cowboy.
—¿Qué ocurre, Gene? —preguntó vivamente Nels.
—Me voy del campamento —replicó con voz gutural el otro. Su montura comenzaba a piafar, mientras Stewart recogÃa la brida y arreglaba el estribo para disponerse a montar.
Nels alargó un brazo, y dejó caer su mano sobre el hombro de Stewart.
—Mucho lo siento —dijo, lentamente—. ¿De modo que pensabas tomar el portante?
—Y asà voy a hacerlo. Suéltame, Nels.