Bajo el cielo del oeste

Bajo el cielo del oeste

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sobre ella parecía cernerse una inmensa sombra invisible. Intentó distraer su atención con diversas tareas, dándose pronto cuenta de que en su mente no cabían sino Stewart y su suerte. ¿Por qué se había afiliado Stewart a los federales? Recordó que el título de «El Capitán» le fue conferido luchando por madero, el rebelde. Madero era ahora federal y Stewart le seguía prestando ayuda y adhesión. Al cruzar la divisoria, ¿tuvo acaso otro motivo?, a más del que parecía sugerir cuando con burlona sonrisa y despectivo acento dijo a Magdalena: «¡Me habría usted ahorrado infinitos quebrantos!». ¿Qué quebrantos? Volvió a sentir el frío contacto del arma que, horrorizada, había dejado caer. ¿Quiso decir que su propósito era buscar la muerte, del único modo que un hombre puede hacerlo sin cobardía? ¿Tendría algún otro motivo? Recordó a don Carlos y sus guerrilleros, y, sin transición, con celeridad pasmosa, adquirió la certeza de que Stewart se proponía buscar a don Carlos, y, ya frente a frente, matarle. Sería la típica acción de un hombre inexorable, taciturno, vengativo, impulsado por un sentimiento de feroz y salvaje justicia, gemelo del que inspiró los últimos momentos de Monty Price. Era un gesto digno de Nels, o de Nick Steele… y también, sí, de Gene Stewart. Magdalena deploró que, habiéndose elevado tanto sobre su temperamento, Stewart no hubiese podido vencer el deliberado impulso de aniquilar a su enemigo, por muy enconada que la enemistad fuese.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker