Caravana de heroes
Caravana de heroes —Algún dÃa, capitán, estas grandes llanuras serán grandes haciendas —dijo Couch, pensativo—. El suelo es rico en todas ellas. Agua en abundancia y maravillosos pastos para el ganado. Millones de hombres pueden prosperar en ellas.
—SÃ, pero sólo cuando los indios y los búfalos hayan desaparecido —concluyó Graham—. Yo, personalmente, sentiré verlos desvanecerse ante la marejada del progreso. Pero mucho tiempo antes de esto habrá guerra entre el Norte y el Sur.
—No quiero discutir sobre eso —replicó Waters—. Usted es del Norte y yo del Sur, y no estarÃamos más de acuerdo que los Pawnees y los Comanches.
—Jim, mejor será que usted y el capitán no hablen de los indios, por lo menos hasta que lleguemos a Santa Fe —interrumpió Couch, y cuando cesaron las risas añadió—: Es ya tarde; vámonos a dormir.
Clint Belmet, que habÃa estado junto al fuego con los ojos y los oÃdos bien abiertos, se fue pensativo a acostar, deduciendo que admiraba al capitán Graham más que a ningún otro de los que habÃa conocido en la frontera, excepto Kit Carson.
—Padre, ¿te has fijado en lo que decÃa ese capitán Graham? —preguntó Clint.
—Desde luego. Me alegro que tú le hayas oÃdo; trata de recordar siempre lo que ha dicho.