Caravana de heroes
Caravana de heroes —¿Qué sientes, Clint? —insistió ella—. ¿Qué haces de las manos? ¿De dónde te sientes mal?
Clint sacó una de las manos lo bastante para indicar que su enfermedad estaba situada más alta de lo que suelen estar los males comunes a la humanidad.
—AquÃ… me siento muy mal.
En este momento, Maxwell dio un fuerte golpe en la mesa, que hizo callar todas las voces. Se levantó con el gesto alegre del anfitrión que se siente feliz al proporcionar un placer a sus invitados, pero con un aire digno y solemne que indicaba que aquellas reuniones en su mesa tenÃan un lugar en la historia de la frontera.
—Señoras y señores —comenzó a decir con su voz resonante—, esta noche nos sentamos ciento veinte a la mesa y esto es un récord para mi rancho. Me siento alegre y orgulloso al daros a todos la bienvenida; al demostrar a los forasteros la hospitalidad del Oeste; al probar que no todos los indios son cazadores de cabelleras. Os doy la bienvenida por lo que significa vuestra presencia aquÃ… ¡La vanguardia de los colonizadores que han de poblar el Oeste! Nuestro bello, generoso y salvaje Oeste. Algún dÃa, a pesar de sus duras pruebas, le amaréis como le amo yo.